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¿Una copa de vino al día es buena para nuestro organismo?

¿Te pasa que después de un día largo y agotador, lo que más deseas es relajarte un momento en el sofá, mientras bebes una copa de vino? Quizá has escuchado que el vino es rico en antioxidantes llamados polifenoles —como el resveratrol y la quercetina— que ayudan a retrasar el envejecimiento de las células y de la piel, además de que protegen el corazón y el cerebro. 

Es cierto que beber una copa de vino es una elección más saludable que otras opciones de alcohol. Es mucho mejor que beber un cóctel repleto de azúcar, como los que están mezclados con jugo comercial de frutas, con refresco o con algún jarabe. Junto con algunos licores puros —como el tequila, el vodka o el mezcal—, el vino no provoca una subida drástica en la glucosa de la sangre. Además, mientras lo bebes es probable que sí tenga un efecto relajante momentáneo. Si a esto le añadimos los beneficios antioxidantes, podríamos creer que es ideal beber una copa diaria, ¿no es así?

La evidencia parece indicar que no. Estas son algunas razones:

  1. Es común beber más de la cantidad que algunos consideran segura, sin darnos cuenta. 

Algunas fuentes sugieren que es seguro beber una copa diaria para las mujeres y hasta dos para los hombres. Una copa de vino equivale a 5 onzas, pero las copas suelen tener capacidad para 14 o 16 onzas. Para servir 5 onzas hay que llenarla sólo hasta ⅓ o ¼ parte de su capacidad. Es común llenar la copa al doble o al triple y asumir que estamos bebiendo sólo una copa. 

  1. Beber vino con constancia puede hacernos sentir más estrés y ansiedad, en lugar de relajarnos. 

Al igual que otras bebidas alcohólicas, el vino deprime temporalmente el sistema nervioso central. Después de algunas horas podemos sentir el efecto contrario, pues las hormonas y los neurotransmisores —como la serotonina— sufren alteraciones que pueden provocar sensaciones de estrés y ansiedad. Para algunas personas es más fácil conciliar el sueño después de beber una copa de vino, pero pueden tener un sueño más intranquilo o interrumpido, pues su organismo está tratando de recuperar el equilibrio. 

  1. Como cualquier bebida alcohólica, el vino provoca inflamación y envejecimiento celular.

Incluso en cantidades moderadas, el consumo de alcohol provoca inflamación que va extendiéndose por el organismo. La inflamación comienza en el intestino y en la microbiota, donde provoca que proliferen las bacterias poco saludables y afecta a las bacterias que sí son nuestras aliadas. 

Este desbalance tiene consecuencias en nuestras defensas, digestión, estado de ánimo, funciones cognitivas, piel, energía, etc. Por eso se dice que el intestino y la microbiota son nuestro segundo cerebro.

Además, cada que bebemos alcohol le damos una carga extra al hígado, que debe hacer un esfuerzo mayor para filtrar la sangre y eliminar esas toxinas adicionales. A esto le sumamos los efectos que ya mencionamos: hormonas y neurotransmisores alterados, patrones de sueño interrumpidos y deshidratación. El consumo de alcohol en cualquier cantidad está asociado con un aumento de mortalidad y un mayor riesgo de padecer varios tipos de cáncer.

  1. Para algunos, una copa puede iniciar una cascada de elecciones poco saludables.

El alcohol inhibe muchas funciones cerebrales, entre ellas nuestra capacidad de autocontrol. Es fácil decir que sí a una segunda copa de vino, a una segunda ración de postre o de botanas, a una serie de compras impulsivas o a una tarde entera de ver series en línea o de hacer scrolling en el celular. 


Entonces, ¿qué podemos hacer para disfrutar del vino sanamente?

Estas son algunas claves:

  1. Busca un vino libre de pesticidas.

Las uvas son una de las frutas con niveles más altos de pesticidas y herbicidas (como el glifosato, que ya se ha identificado como potencialmente cancerígeno), porque su piel es delgada y permeable. Al fabricar el vino las uvas se prensan y se dejan macerar junto con la piel… y junto con todos los químicos que haya absorbido la fruta. Para evitar beber este cóctel de toxinas, es recomendable encontrar un vino hecho con uvas orgánicas.

  1. Disfrútalo como placer ocasional.

Si lo tratamos como un lujo, la experiencia completa cambia. Se trata de beberlo en presencia plena, poniendo atención a todas sus cualidades sensoriales, sin apresurarte (para dar tiempo a que el hígado lo procese adecuadamente), en un ambiente libre de estrés y sólo de vez en cuando, siempre sin llegar a las cantidades que te provoquen resaca. Los estudios muestran mejores resultados para la salud entre quienes beben vino de muy buena calidad ocasionalmente y sin llegar al exceso, que entre quienes beben una cantidad pequeña todos los días.

Ayuda mucho beber más agua para evitar la deshidratación (antes y después de cada copa) y llevar una alimentación saludable para ayudar al organismo a mantener su balance. Así puedes disfrutar del sabor de un buen vino sin dañar y envejecer a tus células. 

  1. Investiga los ingredientes.

Hay más de 90 ingredientes que los fabricantes pueden añadir al vino legalmente. Sin embargo, la ley no requiere que los indiquen en las etiquetas. La mayor parte de las personas asumimos que el vino sólo contiene jugo de uvas y levaduras, pero en realidad comúnmente se le añaden múltiples sustancias para cambiar su composición, como azúcares, colorantes, sulfitos, saborizantes, estabilizadores y preservativos. Cuando consumimos vino regularmente, estos aditivos se acumulan en nuestro cuerpo y van provocando daños. 

Si esto no se reporta en la etiqueta, ¿cómo saber qué contiene el vino que bebes?

Una opción es elegir vinos con certificación orgánica o biodinámica. Aunque estas certificaciones se refieren a la agricultura de las uvas y no requieren que se reporten todos los aditivos en la etiqueta, es más sencillo confiar en que un fabricante que se esfuerza por obtener la certificación no añadirá químicos tóxicos al vino. 

Otra opción es identificar la reacción de tu cuerpo. Algunas personas identifican que un vino que contiene altos niveles de aditivos les provoca más fácilmente náuseas y resaca, mientras que un vino más puro (y en moderación) causa mucho menos malestar. 

Y la mejor alternativa es conocer a los productores. Los vinos más cuidados suelen venir de fabricantes pequeños o empresas familiares, que se dedican apasionadamente a su labor y están felices de hablar de sus prácticas y sus ingredientes. Se pueden visitar sus fincas o conocerlos a través de restaurantes o tiendas especializadas que compartan el gusto por el vino de excelente calidad. 


Lo esencial es informarte, elegir la opción de mayor calidad que puedas encontrar y escuchar a tu cuerpo para tomar tu salud en tus manos y disfrutar del vino saludablemente. ¡Esperamos que te sirvan estas recomendaciones!

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