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Mitos acerca del colesterol

Hay una gran cantidad de mitos alrededor del colesterol que están basados en hipótesis que ya han sido refutadas. A pesar de que la ciencia y la evidencia muestran que son falsos, estos mitos siguen repitiéndose, incluso en los noticieros y en los periódicos. Hoy revisamos algunas de estas creencias equivocadas.


Mito #1: El colesterol es peligroso.

¿Has escuchado a alguien decir que hay colesterol “bueno” y colesterol “malo”? Es una clasificación poco atinada. El colesterol es una substancia que produce nuestro hígado porque es esencial para nuestra supervivencia. Es la materia prima para construir las membranas de todas nuestras células, que son las murallas que las protegen. También es la materia prima para el cerebro y para todas nuestras hormonas (por eso es esencial tener suficiente colesterol para tener buena fertilidad y una menopausia sin molestias). 

Por si fuera poco, el colesterol es la substancia con mayores efectos antiinflamatorios y antienvejecimiento que produce nuestro cuerpo. Cuando sube el colesterol, es porque el cuerpo está produciendo más porque tiene niveles altos de inflamación y necesita proteger el cerebro, producir más hormonas o reconstruir las paredes celulares. ¿Cómo podría ser mala una substancia que nos protege así? Y si al estar alto lo obligamos a bajar, ¿qué sucede? Le quitamos al cuerpo lo que está usando para defenderse y para regenerarse. 


Mito #2: El colesterol alto indica mayor riesgo de enfermedades del corazón.

Es uno de los mitos más extendidos, pero los datos dicen otra cosa. Por ejemplo:

  • De cada 100 personas que sufren un infarto, menos de 50 tienen el colesterol elevado. En cambio, más de 90 tienen homocisteína elevada. 
  • Los adultos mayores con colesterol bajo tienen mayor riesgo de muerte que los que tienen colesterol alto.

El colesterol alto por sí solo no es un indicador significativo de riesgos para el corazón. Es solo uno de muchos factores y no es el más importante. Hay indicadores mucho más precisos, como la homocisteína y la lipoproteína (a). 

Pero incluso estos indicadores son apenas una partecita del rompecabezas. Lo más importante es cómo está funcionando tu organismo completo: ¿qué tan inflamado está? (podemos tener una idea con medidores inflamatorios como la proteína C reactiva), ¿qué tan bien funciona tu metabolismo? (algunos indicadores son tus niveles de insulina, glucosa y hemoglobina glicosilada), ¿qué tan equilibrada está tu microbiota?, ¿qué tan saludable es tu alimentación?, ¿cómo están tus niveles de estrés?, ¿fumas?, ¿bebes alcohol?, ¿tienes hipertensión?, ¿tienes buenos hábitos de sueño?, ¿consumes mucha azúcar y alimentos procesados?, ¿eres sedentario?, ¿tomas muchas medicinas?, etc. Todas estas respuestas son mucho mejores indicadores de tu riesgo de padecer enfermedades del corazón que el colesterol. 


Mito #3: Si tu colesterol está alto, evita el huevo. 

Seguramente conoces a alguien que no come yemas de huevo ni grasas porque intenta bajar así su colesterol. Hace más de 60 años que algunos científicos propusieron esta idea, pero tiene décadas que aceptaron que estaban equivocados. El 75% del colesterol en nuestro cuerpo es producido por el hígado. Nuestro cuerpo controla estos niveles de forma muy precisa. Cuando comes menos colesterol, el cuerpo produce más. Cuando comes más colesterol, el cuerpo produce menos. Por eso reducir los alimentos con colesterol tiene un efecto mínimo en los niveles de colesterol en la sangre en más del 75% de las personas. En el otro 25% sí pueden aumentar ligeramente los niveles de ambos tipos de colesterol, pero no aumenta el riesgo de padecer enfermedades del corazón.

Por otra parte, la mayor parte de los nutrientes del huevo se encuentran en la yema. El huevo es excelente para mantener nuestras células saludables, ayudar al cuerpo a desintoxicarse y mantener al cerebro saludable. Además, al comer solo la clara le damos trabajo extra al hígado, con lo que afectamos al órgano encargado de mantener ese equilibrio sano de colesterol.


Mito #4: Los aceites “vegetales” son más saludables para el corazón. 

¿Has notado que el aceite de canola, de maíz, de girasol o de soya se promocionan como “saludables para el corazón”? Es una estrategia de mercadotecnia muy exitosa, pero ya está comprobado que no es así. Son aceites que solo se pueden fabricar con procesos industriales muy largos, con ayuda de muchos químicos que son tóxicos para nuestro cuerpo, pues provocan desbalances en nuestro organismo y en realidad contribuyen al estado de salud debilitada que lleva a tener enfermedades del corazón. Estos aceites se usan en toda la comida procesada: papitas, chocolates, aderezos, salsas para pasta, tostadas, barritas, pasteles, etc.

Además, al usarlos dejamos de incluir grasas que sí son saludables, como el aceite de oliva, el aceite de coco y el ghee. 


Mito #5: Para bajar el colesterol, evita las grasas.

Este mito surgió junto con la creencia de que hay que evitar comer alimentos con colesterol. Y también está comprobado que es falso. 

Las grasas saludables son vitales para nuestro cuerpo. Una alimentación baja en grasas es peligrosa y deteriora nuestra salud. Eso sí, lo importante es la calidad de las grasas que comemos. Hay que elegir las más naturales y saludables, de la mejor calidad que podamos encontrar (idealmente, orgánicas). Algunos ejemplos: aguacate, aceitunas, nueces y semillas, pescados grasos (como sardinas, salmón, macarela, atún, trucha —siempre salvajes, no de criadero—), coco, huevo, carne, ghee, mantequilla, etc. Algunas de estas grasas son saturadas, pero no son riesgosas (aunque así lo repitan los mitos). Son grasas saludables que ayudan a mejorar el tipo y la cantidad de colesterol que nuestro cuerpo produce. 

Las que hay que desterrar de nuestra alimentación son las grasas artificiales: las grasas trans y los aceites hidrogenados, como los aceites vegetales que revisamos en el mito anterior. 


Si dejar de comer grasas y colesterol no ayuda, ¿entonces qué puedo hacer?

Una de las mejores estrategias es reducir la inflamación en el cuerpo. La inflamación puede venir de una mala alimentación (alta en azúcar refinada, grasas artificiales, comida procesada, harinas industriales, etc.), niveles altos de estrés y de toxinas en el cuerpo, un estilo de vida sedentario, alto consumo de medicinas, presencia de alergias e infecciones, etc. 

Para muchas de las personas con colesterol alto, una de las causas de raíz es que su metabolismo no está funcionando bien. Pueden tener aumento de peso y de medidas (en especial alrededor de la cintura), niveles altos de insulina y condiciones previas a la diabetes (como resistencia a la insulina). Todo esto aumenta la inflamación y la oxidación en el cuerpo. 

Por ejemplo, aunque nuestro cuerpo es capaz de procesar máximo 6 cucharaditas de azúcar (natural) al día, la mayor parte de la población consume más de 20 —que están ocultas en las bebidas y los alimentos del supermercado (sobre todo los “light” o “bajos en grasa”), muchas veces en forma de jarabe de maíz de alta fructosa y otras formas de azúcar altamente procesada. Estas formas de azúcar provocan inflamación en el cuerpo, con lo que el hígado necesita producir más colesterol para protegernos. 

Hacer cambios en el estilo de vida es la mejor opción para conseguir que tus niveles de colesterol sean saludables (para la mayoría de las personas, esto significa que esté en un rango entre 165 y 230). Por ejemplo: comer muy saludable (natural, orgánico, fresco, muchas verduras y evitar todos los alimentos procesados y artificiales); pasar más tiempo de pie, caminando o en movimiento; tener un sueño de muy buena calidad (ir a dormir más cerca de las 10 de la noche), reducir tu nivel de estrés; reducir tu exposición a toxinas; pasar más tiempo en la naturaleza; y atender los desbalances que pueda haber en tus sistemas. 

Con el apoyo de un médico funcional puedes atender estos desbalances y conseguir la salud que sueñas. Contáctanos si estás interesado en recibir una asesoría. 

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